sábado, 13 de diciembre de 2008

UN LOBO EN EL REBAÑO

UN LOBO EN EL REBAÑO

Por: Antonio Muñoz Vélez

Fuente: EFE


ejemplar de siluro, un pez de origen centroeuropeo que ha colonizado los ríos y lagos españoles, desequilibrando la cadena trófica.


Aunque hay otros casos en los que la administración poco o nada tiene que ver, y el responsable de la introducción de una especie invasora es un ciudadano particular. Obviando leyendas populares como la de los caimanes que, según algunos, pueblan las alcantarillas de Nueva York, lo cierto es que la puesta en libertad de mascotas exóticas por dueños desaprensivos o poco informados es una de las causas más frecuentes de este fenómeno.

Pero el desastre puede llegar por otras vías: por ejemplo, de la mano de un aficionado a la pesca deportiva que quiere tener, en el lago o río en el que practica su hobby favorito, un raro pez cuyas características (generalmente, su gran tamaño) le hacen especialmente atractivo. Nada más sencillo que conseguir varias crías y arrojarlas al agua; si las condiciones ambientales acompañan, la falta de depredadores naturales para el nuevo habitante del acuífero hará el resto.

Ése ha sido el caso de especies como el siluro o el lucioperca, grandes peces depredadores que están haciendo estragos en numerosos ríos y lagos españoles, especialmente sobre las poblaciones de truchas autóctonas. Y no sólo sobre las truchas: en el embalse de Ribarroja (en el nordeste de la Península Ibérica), ya se conoce al siluro como “el monstruo”. Con sus 100 kilos de peso y más de dos metros de largo, a este pez de origen centroeuropeo se le atribuyen varios ataques a bañistas y buceadores, no todos comprobados.

Según relata con amargura Benigno Elvira, profesor de Zoología animal de la Universidad Complutense de Madrid, otro de estos grandes peces invasores, el lucioperca, “se ha puesto ahora muy de moda, es citado en muchas revistas especializadas, y los pescadores están muy ilusionados con él”.

Elvira recuerda que hasta la llegada de estas especies “en toda la Península Ibérica no había peces depredadores”, y utiliza un ejemplo muy gráfico para describir sus efectos sobre el ecosistema: “Es como si en un rebaño de ovejas soltaras un lobo”. Este profesor universitario advierte, además, del peligro que suponen los trasvases de agua de las zonas húmedas a las más secas, algo habitual en España, un país donde la pluviosidad varía mucho de unas áreas geográficas a otras.

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